Ayuntamientos de varias ciudades españolas distribuyen pulseras inteligentes a trabajadores al aire libre. El objetivo es prevenir golpes de calor tras varios fallecimientos recientes. El uso de estos dispositivos se extiende en plena ola de altas temperaturas.
El reparto de pulseras inteligentes para prevenir golpes de calor entre barrenderos, jardineros y otros empleados municipales que trabajan al aire libre se está extendiendo rápidamente en España. Ciudades como Barcelona, Motril, Getafe, Pozuelo de Alarcón y Alcoi han adquirido estos dispositivos tras varios episodios graves relacionados con las altas temperaturas, incluyendo fallecimientos de trabajadores en plena jornada laboral.
En Barcelona, con 1,7 millones de habitantes, la instrucción municipal para servicios urbanos durante olas de calor incluye pausas obligatorias, prohibición de trabajar en solitario y recomendación de uniformes más transpirables. Aunque la pulsera térmica no es obligatoria, el Ayuntamiento ha distribuido 1.400 unidades entre jardineros, barrenderos y agentes cívicos. El dispositivo mide temperatura corporal y pulsaciones, y alerta al usuario mediante pitido, luz y vibración si detecta riesgo, permitiendo que el trabajador descanse o se hidrate antes de que la situación se agrave.
Motril, en Granada, ha dotado a su plantilla de limpieza viaria con 25 relojes inteligentes que emiten alertas al superar ciertos umbrales de temperatura. El protocolo municipal exige interrumpir la actividad y buscar sombra o hidratarse cuando el dispositivo lo indique. Sin embargo, representantes sindicales consideran insuficiente el número de unidades disponibles, especialmente para los empleados de mayor edad.
En Getafe, todos los trabajadores al aire libre, tanto del Ayuntamiento como de la empresa pública de limpieza, cuentan ya con estas pulseras. Pozuelo de Alarcón ha seguido el mismo camino, dotando a casi 300 empleados de limpieza y recogida de residuos con dispositivos que alertan incluso si el trabajador no percibe síntomas. Alcoi, en Alicante, acaba de adquirir una treintena de pulseras para brigadas municipales de obras, medio ambiente, jardinería y mantenimiento eléctrico, tras un periodo en el que las muertes atribuibles al calor han superado el millar en España, según datos del Ministerio de Sanidad.
El funcionamiento de las pulseras es sencillo: pesan 30 gramos, resisten agua y polvo, soportan temperaturas de hasta 80 grados y tienen una autonomía de cinco meses. No incorporan GPS ni almacenan datos personales, lo que garantiza la privacidad del usuario. El aviso combina señal acústica, luz roja intermitente y vibración, y solo permite reanudar el trabajo cuando el dispositivo indica que los valores han vuelto a la normalidad.
La Junta de Extremadura también ha anunciado la compra de pulseras para sus empleados más expuestos al calor. En municipios como Valdemoro y Alcalá de Henares, algunos trabajadores de recogida de residuos y zonas verdes ya las utilizan, aunque en otras localidades de la Comunidad de Madrid la medida aún no se ha implementado. En Majadahonda, por ejemplo, el Ayuntamiento opta por difundir recomendaciones y alertas oficiales en redes sociales.
El uso de estos dispositivos responde a una tendencia al alza de episodios de calor extremo en España. Solo entre el 1 de mayo y el 11 de julio de este año, el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) ha registrado 1.682 muertes atribuibles al calor. El impacto de las altas temperaturas en la salud pública es cada vez más evidente, como ya se analizó en un reciente informe sobre la mortalidad por calor en Barcelona.
El precio de las pulseras oscila entre 40 y 60 euros por unidad, una inversión que los ayuntamientos consideran mínima frente a los riesgos que afrontan los trabajadores. La mayoría de los empleados acepta el uso voluntario del dispositivo, aunque su obligatoriedad varía según el municipio. La proliferación de estas medidas refleja la adaptación de las administraciones locales a un escenario climático cada vez más exigente, donde la protección de la salud laboral se convierte en prioridad ante la persistencia de olas de calor y el aumento de la mortalidad asociada.
En el contexto europeo, España es uno de los países más afectados por el cambio climático, con veranos cada vez más largos y temperaturas récord. Las autoridades sanitarias insisten en la importancia de la prevención y la adaptación de los protocolos laborales. El despliegue de pulseras térmicas se suma a otras iniciativas, como la reorganización de horarios y la mejora de los equipos de protección individual, para reducir el impacto del calor en los trabajadores más vulnerables.