Verónica Dulanto no esquiva un tema que muchas prefieren evitar: el miedo a la perimenopausia y el insomnio que podría traer consigo. A punto de cumplir 48 años, la presentadora reconoce que necesita dormir al menos ocho horas para sentirse bien, y la sola idea de perder ese descanso le inquieta más que cualquier arruga o crítica en redes sociales.
Pero el insomnio no es su única preocupación. Tras más de veinte años frente a las cámaras, Dulanto ha vivido en primera persona cómo el paso del tiempo pesa distinto para hombres y mujeres en televisión. Mientras algunos presentadores siguen en pantalla con más de 65 años sin que nadie cuestione su lugar, ella lanza una pregunta incómoda: ¿cuántas mujeres llegan a esa edad en televisión? Para Dulanto, la experiencia y el currículum deberían contar más que la fecha de nacimiento, pero la realidad del sector sigue imponiendo límites invisibles.
Según una encuesta publicada el 3 de septiembre de 2026, el 90,4% de las mujeres entre 35 y 65 años consideran viable mantener una vida sexual plena después de los 45 años.
La presión estética tampoco da tregua. Un comentario en Instagram sobre su celulitis, hecho por otra mujer, le dolió más de lo esperado y la llevó a reflexionar sobre la exigencia constante de perfección. Dulanto defiende las arrugas y los cambios del cuerpo como parte natural de la vida, y rechaza la idea de que las mujeres deban ocultar cualquier signo de madurez para seguir siendo aceptadas.
Madurez y autocuidado
Lejos de esconderse, la presentadora reivindica el momento vital en el que se encuentra. Dice sentirse mejor que nunca, incluso más que a los 26, y adopta sin complejos la expresión de sus hijas: "Estoy en mi prime". El autocuidado, el ejercicio y el descanso son ahora prioridades, una lección que aprendió observando a su madre y que aplica con disciplina.
En septiembre de 2026, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) reconoció públicamente un error metodológico tras publicar recomendaciones para mujeres en menopausia basadas en datos masculinos, comprometiéndose a revisar el informe tras las críticas del sector científico.
La edad, lejos de ser un problema, se ha convertido en un motivo de orgullo. Dulanto no teme cumplir años, pero observa cómo la industria sigue imponiendo una "fecha de caducidad" a las mujeres. Su respuesta es clara: no piensa aceptar ese límite y se imagina perfectamente presentando con 70 años si así lo desea.
Educación frente a prohibición
El debate sobre la imagen y la presión estética toma otra dimensión cuando piensa en sus hijas adolescentes. Ambas han crecido en un mundo donde la televisión ha perdido terreno frente a los móviles y las redes sociales. Dulanto se muestra especialmente preocupada por la normalización de los filtros y la obsesión por el aspecto físico en plataformas como TikTok. No duda en preguntar a su hija mayor por qué todos sus vídeos aparecen retocados y advierte sobre el peligro de vivir en una "realidad irreal".
En casa, apuesta por la educación y la confianza antes que por la prohibición. Aunque su hija pequeña ya tiene móvil, Dulanto pone límites claros: con 12 años, nada de redes sociales. Prefiere dialogar y establecer normas que ayuden a sus hijas a construir una autoestima sólida, lejos de la dictadura de la imagen perfecta.
El espejo de la televisión
La experiencia de Verónica Dulanto no es una excepción. El sector televisivo español sigue arrastrando prejuicios y barreras para las mujeres que superan cierta edad, mientras los hombres apenas notan el paso del tiempo en sus carreras. Dulanto lo denuncia abiertamente y se suma a otras voces que exigen un cambio real en la industria.
En este contexto, no sorprende que figuras públicas como Bigote Arrocet también hayan optado por hablar abiertamente sobre salud y decisiones personales, como se vio en el análisis reciente sobre su postura ante el tratamiento médico.
La entrevista de Dulanto, recogida por Divinity, pone sobre la mesa una doble presión: la de la edad y la de la imagen, ambas aún más intensas para quienes viven bajo el foco mediático. Su apuesta por el autocuidado, la honestidad y la educación en casa marca una diferencia en un entorno donde la apariencia sigue pesando demasiado. Mientras la televisión y las redes sociales continúan dictando estándares imposibles, Dulanto demuestra que la verdadera revolución empieza por atreverse a hablar claro y no aceptar límites impuestos por otros.