Vicente del Bosque, leyenda de La Roja y del Real Madrid, vive hoy entre la calma familiar y pequeños gestos cotidianos. Su retiro, lejos de los banquillos, revela una faceta íntima y discreta que pocos conocían.
Vicente del Bosque, el hombre que llevó a la Selección Española a lo más alto en 2010, ha encontrado en la rutina familiar su nuevo terreno de juego. Desde que se despidió oficialmente de los banquillos en 2016, el técnico salmantino ha optado por una vida alejada de los focos, centrada en su mujer, sus tres hijos y los nietos que ya llenan de movimiento su día a día. La imagen del entrenador serio y metódico ha dado paso a la de un abuelo orgulloso, que no duda en bromear sobre su papel como chófer familiar y en disfrutar de los pequeños placeres que le ofrece el retiro.
La serenidad marca el ritmo de sus días, repartidos entre Salamanca, Madrid y Alalpardo (Guadalajara), donde la familia tiene una casa. Del Bosque ha dejado atrás la presión de los partidos y las concentraciones, pero no el fútbol: ahora lo vive como aficionado, confesando que le encanta poder ver partidos a diario. Sin embargo, lo que más destaca en esta etapa es su implicación en la vida familiar, desde los trayectos en coche hasta las conversaciones sobre fútbol con Trinidad López, su esposa desde hace casi medio siglo, que siempre ha preferido mantenerse en un discreto segundo plano.
La complicidad entre Vicente y Trinidad es palpable. Ella, que rara vez concede entrevistas, ha contado alguna vez cómo surgió su historia: él vivía justo encima de la oficina donde ella trabajaba. Aunque reconoce que le gusta el fútbol y que a veces le da su opinión, deja claro que el verdadero experto es él. Juntos han formado una familia marcada por la discreción y la normalidad, algo que Del Bosque valora especialmente y atribuye en gran parte a la educación que Trinidad ha dado a sus hijos.
Una familia discreta
Los tres hijos del matrimonio han seguido caminos alejados del ruido mediático. Vicente, el mayor, se dedica al mundo empresarial y fue quien convirtió al exseleccionador en abuelo en 2017, junto a su pareja de toda la vida, Arola Pérez. Gema, la pequeña, ha elegido la docencia y trabaja como profesora de Primaria en un colegio de Educación Especial en Madrid. Álvaro, el hijo mediano, es un apasionado del fútbol y convive con síndrome de down, lo que ha llevado a Del Bosque a implicarse activamente en la Fundación Down Madrid y a impulsar una academia de fútbol que lleva su nombre, centrada en la integración y la educación a través del deporte.
La naturalidad con la que la familia afronta cada reto ha sido motivo de admiración y ejemplo para muchos. Del Bosque nunca ha buscado protagonismo por su vida privada, pero su compromiso con la inclusión y la normalización de la discapacidad ha sido constante. En este sentido, su historia recuerda a la de otras figuras públicas que, tras una carrera de éxito, han optado por una vida más tranquila y familiar, como se vio recientemente en el caso de Víctor Manuel, quien sigue sorprendiendo con su vitalidad y reflexiones sobre el paso del tiempo en su propia gira a los 79 años.
Un legado que trasciende el fútbol
El palmarés de Vicente del Bosque es difícil de igualar: cinco Ligas y cuatro Copas del Rey como jugador del Real Madrid, dos Champions League y dos Ligas como entrenador, además de la histórica estrella del Mundial y una Eurocopa con la Selección. Sin embargo, en esta etapa, el técnico prefiere hablar de su familia y de la satisfacción de haber cotizado toda una vida. Según Divinity, Del Bosque se siente orgulloso de su papel como jubilado y de poder disfrutar de una vida sencilla, sin grandes lujos pero llena de sentido.
En tiempos donde la exposición mediática parece inevitable para cualquier figura pública, la elección de Vicente del Bosque de refugiarse en la discreción y en los gestos cotidianos resulta casi insólita. Su historia, lejos de perder interés, suma admiradores por la coherencia y la serenidad con la que ha sabido reinventarse fuera del césped.