Gonzalo Bernardos descarta la jubilación anticipada para quienes tienen 55, 56 o 57 años bajo la normativa de 2026. Solo casos excepcionales permiten retirarse antes, y la mayoría deberá esperar hasta los 65 o más según los años cotizados.
Gonzalo Bernardos, economista y profesor de la Universidad de Barcelona, ha sido tajante con quienes esperan jubilarse antes de tiempo: para la mayoría de los trabajadores de 55, 56 o 57 años, la jubilación anticipada no es una opción real bajo las reglas vigentes en 2026. Su declaración, difundida en agosto de 2025 tras su paso por La Sexta Xplica, vuelve a cobrar relevancia ahora que la Seguridad Social ha endurecido los requisitos para acceder a la pensión antes de la edad ordinaria.
La normativa actual establece dos edades legales de jubilación en 2026. Quienes hayan cotizado al menos 38 años y 3 meses podrán retirarse a los 65 años. Si no se alcanza ese periodo, la edad se eleva a 66 años y 10 meses. Este calendario es resultado de la reforma iniciada en 2013, que cada año incrementa los requisitos y retrasa el acceso a la pensión completa.
Excepciones muy limitadas
La jubilación anticipada voluntaria permite adelantar el retiro hasta dos años respecto a la edad legal, siempre que se acrediten al menos 35 años cotizados y la pensión resultante supere la mínima. Sin embargo, quienes tienen 55, 56 o 57 años quedan fuera de esta vía, salvo en situaciones muy concretas. La modalidad involuntaria, reservada para quienes pierden el empleo por causas ajenas a su voluntad, puede adelantar la jubilación hasta cuatro años, pero exige 33 años cotizados y cumplir requisitos estrictos como estar inscrito como demandante de empleo durante al menos seis meses.
Solo ciertos colectivos pueden jubilarse antes de los 60. Profesiones consideradas penosas, peligrosas o insalubres —como mineros, personal de vuelo, ferroviarios, bomberos, policías locales o profesionales taurinos— cuentan con normativas específicas que permiten el retiro a edades más tempranas, en algunos casos desde los 55 años. Además, las personas con discapacidad igual o superior al 45% pueden acceder a la jubilación desde los 56 años, y con un grado del 65% o más, incluso antes, siempre que se cumplan los requisitos legales y médicos.
El impacto del envejecimiento
Bernardos sostiene que la expectativa de jubilarse pronto es cada vez menos realista en España, donde el envejecimiento de la población y la presión sobre el sistema de pensiones obligan a retrasar la edad de retiro. Según el INE, la proporción de personas mayores de 65 años podría superar el 30% en 2055, lo que plantea desafíos para la sostenibilidad del sistema público.
La cuantía de la pensión también depende de los años cotizados. Para cobrar el 100% de la base reguladora en 2026, se requieren 36 años y 6 meses de cotización. Los cambios previstos para 2027 endurecen aún más el acceso: la edad ordinaria será de 65 años solo para quienes acrediten 38 años y 6 meses cotizados; en caso contrario, habrá que esperar hasta los 67 años.
Simuladores y realidades
Antes de tomar decisiones, la Seguridad Social recomienda utilizar su simulador de jubilación, que permite calcular la fecha y cuantía estimada de la pensión según la carrera laboral, la existencia de discapacidad o el desempeño de trabajos con coeficientes reductores. El resultado es orientativo y debe ser confirmado por el Instituto Nacional de la Seguridad Social.
La realidad para quienes se acercan a los 55 años es que, salvo pertenecer a colectivos muy concretos, la jubilación anticipada no es una opción generalizada. Muchos, tras perder el empleo en esa franja de edad, deben recurrir a prestaciones por desempleo o buscar alternativas hasta alcanzar la edad legal. Esta situación recuerda a quienes, como Tomàs Ballesté, han tenido que adaptarse a ingresos limitados y nuevas rutinas tras dejar la vida laboral, como se relata en la historia de supervivencia en un pueblo casi vacío.
En definitiva, la tendencia en España apunta a una jubilación cada vez más tardía y condicionada por la carrera de cotización. Las excepciones existen, pero afectan a una minoría. Para la mayoría, la clave está en planificar con antelación y conocer bien las reglas que marcarán el acceso a la pensión en los próximos años.