El Palacio de Buckingham ha enviado una carta oficial para dejar claro el papel de Harry y Meghan en el Reino Unido, apenas dos semanas después de su regreso al país. El mensaje, firmado por el Lord Chambelán en nombre del rey Carlos III, recalca que los duques de Sussex no recuperan ningún rol institucional ni privilegio real por volver a residir en territorio británico.
La carta, distribuida a altos cargos del Gobierno, el Ejército y representantes de la Corona en los condados, deja claro que la situación de los Sussex no ha cambiado desde su salida en 2020. El texto subraya que Harry y Meghan siguen siendo miembros no trabajadores de la Familia Real y que sus títulos de Alteza Real permanecen en suspenso, por lo que no deben utilizarse en actos públicos ni privados.
Según Reuters, la carta fue enviada no solo a funcionarios gubernamentales, sino también a cuerpos policiales y estructuras reales para evitar cualquier confusión sobre el protocolo y las obligaciones públicas de los Sussex.
El documento va más allá de una simple aclaración protocolaria. Buckingham advierte que cualquier invitación institucional, cuestión de protocolo o uso de fondos públicos relacionados con los Sussex debe consultarse previamente con la Casa Real. Además, la oficina de Harry y Meghan seguirá funcionando de manera independiente, sin vínculo operativo con la estructura oficial de la monarquía.
La carta también aborda el tema de la seguridad, recordando que la protección policial de la familia de Harry depende del Royal and VIP Executive Committee y que cualquier asunto sobre fondos públicos debe dirigirse a Buckingham. Esta precisión responde a la disputa abierta entre Harry y las autoridades británicas sobre su nivel de protección desde que dejó de ser miembro activo de la Familia Real. Según la cobertura de PBS/AP, el documento especifica que las cuestiones operativas de seguridad deben ser gestionadas por las agencias policiales pertinentes y no como un privilegio real.
Mientras tanto, Harry ya ha retomado su actividad profesional en Londres. El príncipe fue visto el 4 de septiembre en Tower Bridge Studios, donde trabajó en un proyecto audiovisual independiente, según confirmó el propio estudio. No hay indicios de que esta producción esté vinculada a la Casa Real, lo que refuerza la separación entre sus actividades privadas y cualquier representación oficial.
La decisión de enviar la carta se produjo tras consultas de funcionarios sobre cómo tratar institucionalmente a la familia Sussex tras su regreso, y no únicamente por cuestiones de seguridad, según fuentes citadas por Geo TV. El Palacio subrayó que la aclaración era necesaria para evitar malentendidos administrativos y establecer límites claros entre la vida privada y cualquier función pública de Harry y Meghan.
La decisión de Buckingham de hacer pública esta carta responde a las especulaciones surgidas tras el regreso de los Sussex, especialmente ante el temor de que su presencia pudiera interpretarse como el inicio de una "corte paralela" o una vuelta encubierta a la vida institucional. Al enviar el documento a organismos públicos y representantes de la Corona, la Casa Real establece un marco claro para evitar malentendidos y delimita cómo deben ser tratados Harry y Meghan por las instituciones británicas.
El caso muestra la importancia de la comunicación oficial en la gestión de figuras públicas con pasado institucional, como se ha visto en otros ámbitos, por ejemplo en la reciente cobertura deportiva, donde la claridad sobre roles y consecuencias resulta clave para evitar interpretaciones erróneas.
La postura de Buckingham es clara: Harry y Meghan pueden residir y trabajar en Reino Unido, pero lo harán como ciudadanos privados, sin acceso a funciones, fondos ni privilegios de la Corona. Sus actividades filantrópicas y comerciales quedan fuera del paraguas institucional y cualquier intento de asociarlas a la monarquía será supervisado de cerca. En un contexto donde la imagen y la autoridad de la Casa Real británica se juegan en cada gesto público, la carta de Carlos III actúa como un cortafuegos preventivo. El mensaje es directo: la monarquía no permitirá dobles lecturas ni zonas grises en torno al estatus de los Sussex, y cualquier intento de reinterpretar su papel será respondido con la misma contundencia documental.