En solo 48 horas, Ceuta ha cambiado por completo. Los asentamientos de El Trampolín y la playa de Benítez, que durante meses fueron el símbolo de la crisis migratoria en la ciudad, han desaparecido. Más de 1200 inmigrantes se han marchado, la mayoría por su propia voluntad y rumbo a Marruecos, según los datos oficiales. El desalojo llegó justo antes de la convocatoria de elecciones generales y a pocos días de la visita de los Reyes. El momento elegido ha hecho que muchos se pregunten por qué se actuó ahora.
Hace apenas unas semanas, en El Trampolín y Benítez llegaron a juntarse hasta 4000 personas, según las raciones diarias que repartía Cruz Roja. La Policía Nacional y la agencia EFE calculaban que en El Trampolín había más de 3000 ocupantes, sobre todo tras el pico de llegadas a finales de julio. Los intentos anteriores de desalojo no funcionaron. Pero el domingo 3 de octubre, horas antes del anuncio electoral de Pedro Sánchez y a diez días de la llegada de Don Felipe y Doña Letizia, las autoridades lanzaron una operación que en solo dos días vació la zona por completo.
El asentamiento de Benítez fue desalojado días antes, con más de 150 personas optando por regresar a Marruecos en vez de registrarse en los centros de acogida.
El despliegue fue rápido y contundente. Las chabolas de palos y plásticos que cubrían la playa se desmontaron y retiraron a toda prisa. Solo el primer día, las excavadoras sacaron 61 toneladas de basura de El Trampolín. Al día siguiente, ya sin inmigrantes, se retiraron otras 160 toneladas. En total, 221.000 kilos de residuos en solo 48 horas. Los equipos de limpieza también trabajaron en las lomas cercanas, donde algunos inmigrantes se habían refugiado para ver qué pasaba desde lejos.
El desalojo se hizo por fases, según había plazas libres en los centros temporales de acogida (CATE). El ministro Ángel Víctor Torres explicó que el objetivo era dejar la playa vacía antes del 15 de octubre. A los migrantes se les dieron dos opciones: identificarse y entrar en el CATE, o volver a Marruecos a pie por la frontera. Según El País, cerca de 600 personas eligieron regresar el primer día, sin pasar por el registro.
Uno de los datos que más llama la atención es el alto número de retornos voluntarios a Marruecos. Según la agencia EFE, más de 1200 personas decidieron volver, una cifra muy por encima de los 150-200 retornos diarios que el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, había mencionado días antes. En las imágenes recientes, los inmigrantes ya no cruzan solos la frontera. Ahora lo hacen acompañados por agentes de la Policía.
La cifra de 1.200 retornos tras el desalojo de El Trampolín debe interpretarse como una estimación operativa, ya que los balances oficiales variaron entre 460 y 600 personas solo en el primer día, y la Policía Nacional no publicó un registro definitivo.
El proceso de devolución también sorprendió a los abogados de Ceuta, que fueron movilizados de urgencia por la Policía. El domingo por la tarde, tenían que asistir a 140 inmigrantes en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) de El Tarajal. Pero los autobuses previstos para su traslado llegaron vacíos: todos habían decidido regresar voluntariamente a Marruecos, evitando así el trámite legal que suele bloquear las devoluciones durante meses. Según la agencia EFE, muchos de los que volvieron eran marroquíes que, tras más de dos meses en Ceuta y sin opción de pedir asilo, prefirieron regresar antes que iniciar el proceso en el CATE.
Para evitar que quienes escaparon al monte intenten volver a la playa y reconstruir el campamento, la Policía Nacional mantiene vigilancia en la zona. La retirada de los asentamientos y la limpieza exprés han cambiado la imagen de Ceuta justo antes de la visita real. Ya no queda rastro visible de la crisis migratoria en la costa.
El contexto político es imposible de ignorar. Hace un mes, una encuesta de Sigma Dos mostraba que el 82,2% de los encuestados veía insuficiente la gestión del Gobierno ante la crisis migratoria. Incluso el 56,9% de los votantes del PSOE compartía esa opinión. Ahora, con la ciudad despejada y la playa limpia, la operación puede influir en cómo se percibe la gestión de Pedro Sánchez justo antes de las elecciones del 29-N.
La rapidez y el momento del desalojo recuerdan a otras actuaciones de impacto en el espacio público, como la acampada masiva en Sol tras el desahucio de Maricarmen en Madrid, que fue noticia por su repercusión social y política. En ambos casos, las autoridades han apostado por controlar la visibilidad y el espacio urbano.
La desaparición de los asentamientos en Ceuta borra una imagen incómoda para el Gobierno en un momento políticamente delicado, pero también deja preguntas sobre si estas soluciones rápidas pueden durar. La operación ha sido eficaz para limpiar y controlar la zona, pero la experiencia en otras ciudades españolas muestra que los problemas de fondo no se resuelven solo con medidas de choque. El futuro de la gestión migratoria en Ceuta dependerá de si las autoridades logran dar respuestas más profundas y duraderas, más allá del maquillaje previo a unas elecciones o una visita institucional.
Según información de la agencia EFE, la operación fue coordinada con la Policía Nacional y los servicios municipales. La cifra de retornos debe verse en el contexto de una media semanal de más de 200 devoluciones diarias en Ceuta durante el mes anterior.