La Diada de este año en Barcelona ha dejado clara la división interna del independentismo catalán, acentuada por la irrupción de la extrema derecha de Aliança Catalana. Miles de personas salieron a la calle, pero el ambiente estuvo marcado por la desconfianza y la falta de cohesión entre partidos y entidades que hasta hace poco compartían estrategia y discurso.
El lema de la manifestación, "Hi soc, hi som, pel present i pel futur, independència", no logró tapar las diferencias. La marcha comenzó a las 17:14 en la plaza de la Catedral, encabezada por tractores, y avanzó hasta la plaza de Catalunya, donde se celebraron los discursos finales. La llamada a la unidad desde el escenario contrastó con la realidad de un movimiento dividido y con heridas abiertas.
Según varios medios, la movilización antifascista frente al acto de Aliança Catalana en el Fossar de les Moreres llegó a superar los 8.000 participantes, mientras que los partidarios de la formación rondaron entre 300 y 500 personas.
La tensión se notó desde la víspera, cuando el acto de Aliança Catalana en el Fossar de les Moreres terminó con cargas policiales de los Mossos d'Esquadra contra manifestantes antifascistas. Según la policía y medios como El País y EFE, los Mossos separaron los grupos y evitaron enfrentamientos directos, aunque hubo detenciones y actuaciones policiales contra algunos manifestantes. El crecimiento de la formación de Sílvia Orriols ha obligado a los partidos tradicionales a redefinir su posición y a lanzar advertencias sobre el riesgo de fragmentación. El president Salvador Illa pidió públicamente preservar la unidad de Cataluña frente a la extrema derecha, mientras Jordi Turull, secretario general de Junts, le acusó de fomentar la polarización.
En la manifestación participaron todos los partidos independentistas, aunque la presencia de Oriol Junqueras, presidente de ERC, pasó casi desapercibida tras años de ausencia por abucheos. Esta vez, solo un par de personas le reprocharon su papel en el pacto fiscal, mientras la dirección de ERC desfilaba tras la pancarta "Per la independència. Sempre hi som". Junqueras insistió en la necesidad de sumar mayorías para avanzar hacia la república independiente, pero el ambiente era más de resignación que de entusiasmo.
Josep Vila, presidente de la Assemblea Nacional Catalana, defendió la continuidad del objetivo independentista y denunció el colapso de los servicios públicos en Cataluña, que atribuyó al expolio fiscal. Vila pidió centrar la Diada en la manifestación y no en los enfrentamientos del día anterior entre Aliança Catalana y entidades antifascistas. Por su parte, Xavier Antic, presidente de Òmnium Cultural, reclamó un frente común democrático para frenar el avance de fuerzas políticas que calificó de monstruosas.
El Fossar de les Moreres es uno de los lugares más simbólicos y sensibles de la Diada, ya que conmemora a los caídos en 1714. La presencia de grupos ultraderechistas en este espacio se percibe como una provocación política, lo que explica la fuerte respuesta antifascista y la intervención policial.
La participación en la Diada de este año ha sido observada con atención tras el mínimo histórico de 28.000 asistentes registrado por la Guardia Urbana en 2025, la cifra más baja desde el inicio del procés. Girona y Amposta también acogieron movilizaciones, pero la atención se centró en Barcelona, donde la división interna y el temor al crecimiento de la extrema derecha dominaron el relato.
El contexto político catalán es ahora más volátil, con partidos tradicionales perdiendo influencia y nuevas formaciones como Aliança Catalana aprovechando el descontento. La presión sobre los servicios públicos, la percepción de agravio fiscal y la falta de avances concretos en el proceso independentista han alimentado la frustración de parte de la sociedad. En paralelo, la situación recuerda a otros episodios recientes de tensión en Cataluña, como reportado antes en Tarragona, donde la respuesta institucional también fue puesta a prueba.
La Diada de 2026 confirma que el independentismo catalán atraviesa una etapa de replanteamiento estratégico. La falta de una hoja de ruta común y la aparición de actores radicales han debilitado la capacidad de movilización y el discurso unitario. Mientras los líderes insisten en la necesidad de sumar fuerzas, la fragmentación y el desencanto pesan más que nunca. El futuro del movimiento dependerá de su capacidad para superar divisiones internas y responder a los nuevos desafíos políticos y sociales del escenario catalán actual.
El mensaje institucional del president Salvador Illa, transmitido por RTVE y recogido en noticias oficiales, recalcó que "en nuestra casa no hay lugar para el odio" y que Cataluña es "un solo pueblo".