El bono español a 10 años ha superado el 4 por ciento. Es el nivel más alto desde 2013. Este salto, empujado por la guerra en Oriente Medio, déficits que no ceden y la política monetaria más dura, pone a las finanzas públicas bajo presión. España encara años de tensión en sus cuentas.
El mercado de deuda está más inestable que nunca. El bono de Estados Unidos ya paga un 5,2 por ciento. El francés supera el 4,7 por ciento. La prima de riesgo con España se amplía, pero la comparación no consuela. Refinanciar la deuda que se emitió cuando los tipos estaban cerca del 0 por ciento ahora cuesta mucho más. El Tesoro tiene que renovar bonos a precios mucho más altos.
El Ministerio de Economía ha confirmado que la vida media de la deuda española se sitúa en 7,89 años y el coste medio del portafolio ha subido al 2,44 por ciento tras la última emisión.
El Tesoro Público ha intentado protegerse alargando la vida media de la deuda hasta casi ocho años. Así reduce el porcentaje que debe refinanciar cada año. Pero la mayoría de los bonos actuales, emitidos entre 2014 y 2022, tendrán que renovarse a tipos que doblan o triplican los originales si todo sigue igual. Según la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), el gasto en intereses será el tercer capítulo que más crecerá hasta 2030, solo por detrás de las prestaciones sociales y la inversión.
La AIReF calculó que el gasto público subirá un 27 por ciento entre 2025 y 2030. Los intereses crecerán un 44 por ciento. Eso llevaría la factura financiera del 2,4 por ciento del PIB en 2025 al 2,8 por ciento en 2030. Son unos 18.000 millones de euros más. Para comparar: esa cifra supera el gasto en salarios de todos los profesores de preescolar y primaria, o multiplica por 2,5 el presupuesto de vivienda y urbanismo.
El problema es que las previsiones de mercado que usó la AIReF ya no valen. En abril, se pensaba que la guerra en Irán acabaría pronto y que el Banco Central Europeo no movería ficha. Se esperaba que el bono español se mantuviera en el 3,3 por ciento. Ahora ya paga 70 puntos básicos más. Eso implica más gasto para el presupuesto. Cada 50 puntos básicos de subida suponen 0,4 puntos del PIB extra en intereses a lo largo de una década, unos 7.000 millones de euros al año a precios de hoy.
La AIReF estima que la deuda pública española se situará en torno al 99,9 por ciento del PIB en 2026, lo que limita el margen de maniobra presupuestario ante subidas de tipos.
Cuando sube el coste de la deuda, suele bajar la inversión pública. Así pasó en la crisis financiera. Los gobiernos recortaron proyectos para pagar los intereses y las infraestructuras se fueron deteriorando. Solo cuando los costes financieros bajaron en la última década se pudo volver a invertir. Ahora el ciclo cambia otra vez.
Por ahora, la sostenibilidad de las cuentas públicas no está en peligro inmediato. El gasto en intereses podría rozar el 3 por ciento del PIB a finales de la década, un nivel parecido al promedio desde 1995. Pero el bono español ya ha recorrido más de la mitad del camino entre el máximo de la crisis financiera (7,6 por ciento) y el mínimo de 2019 (0,4 por ciento). Ahora ronda el 3,9 por ciento.
El reto es que este aumento de intereses llega justo cuando el gasto público está bajo presión: envejecimiento, pensiones, sanidad, dependencia, gasto militar y costes del cambio climático. La Constitución Española obliga a pagar la deuda antes que nada. El resto de partidas dependerán de cuánto se pueda ajustar el presupuesto. El margen para mantener inversión y servicios públicos se estrecha. La deuda marca el límite para la política económica.
En este contexto, el IBEX 35 subió un 1,08 por ciento este lunes, según EFE. Pero la inquietud en los mercados sigue. El escenario para los próximos años exige una gestión presupuestaria mucho más estricta y vigilar de cerca los costes financieros. Con tipos altos, déficits estructurales y tensiones internacionales, España está ante una encrucijada: o refuerza la disciplina fiscal, o la deuda condicionará cada vez más el gasto y la inversión.
Según el Ministerio de Economía, la estrategia de emisión de deuda pública busca alargar la duración media para amortiguar el golpe de la subida de tipos y reducir el volumen anual a refinanciar.