La monarquía noruega atraviesa uno de sus momentos más frágiles en décadas. El entierro de Harald V no solo marca el final de una era, sino que también ha dejado al descubierto las tensiones dentro de la familia real. La ceremonia en Oslo, seguida por miles de ciudadanos y la élite política y real europea, fue el escenario del traspaso de poder a Haakon VIII, quien asume el trono en medio de escándalos que han puesto en entredicho la imagen de la institución.
El cortejo fúnebre recorrió el centro de la capital, desde el Palacio Real hasta la catedral. Haakon VIII, acompañado por sus hijos Ingrid Alexandra y Sverre Magnus, encabezó la marcha a paso lento. La reina viuda Sonia y la reina consorte Mette-Marit, aún recuperándose de un trasplante de pulmón, siguieron en automóvil. Más de 180.000 personas, según la policía, presenciaron el paso de la familia real por Oslo, una muestra del arraigo de la monarquía en la sociedad noruega.
El funeral de Harald V fue celebrado el 9 de septiembre de 2026 en la catedral de Oslo y estuvo presidido por el líder de la Iglesia de Noruega, Olav Fykse Tveit.
La jornada, sin embargo, estuvo marcada por ausencias y tensiones. Mette-Marit, por motivos de salud, no participó en la jura de su esposo ante el Parlamento ni en el saludo a los dignatarios extranjeros. Más llamativa fue la situación de Marius Borg Høiby, hijo mayor de la reina consorte, condenado a cuatro años de prisión por dos violaciones. Asistió al funeral gracias a un permiso judicial y con tobillera electrónica, pero fue excluido de la procesión real y llegó en coche junto a Durek Verret, esposo de la princesa Marta Luisa. Su presencia subrayó la fractura interna de la familia.
La ceremonia religiosa en la catedral reunió a representantes de todas las casas reales europeas, entre ellos los reyes Felipe VI y Letizia, la reina Sofía y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, cuya asistencia fue recibida con aplausos. El acto incluyó un minuto de silencio nacional y discursos que recordaron la dedicación de Harald V a Noruega. Tras la misa, el féretro fue trasladado a la Fortaleza de Akershus, donde descansa junto a sus antepasados, mientras cuatro aviones F-35 sobrevolaban la ciudad en homenaje.
El nuevo monarca hereda una institución con respaldo popular, pero también con heridas abiertas. La relación pasada de Mette-Marit con Jeffrey Epstein, revelada por cientos de correos publicados en febrero, y la condena de Marius Borg Høiby han dañado la reputación de la familia. Aunque Mette-Marit pidió disculpas, su valoración pública sigue siendo la más baja de la casa real. La situación recuerda a otros episodios recientes en monarquías europeas, como el caso Sussex en Reino Unido, donde la gestión de crisis y la transparencia institucional han sido claves para evitar mayores daños.
El Palacio Real de Noruega declaró luto nacional hasta el 9 de octubre de 2026, suspendiendo todos los actos oficiales salvo los esenciales, como las sesiones del gobierno y la apertura del Storting. Esta decisión fue confirmada por comunicados oficiales y medios internacionales, subrayando la magnitud del duelo nacional.
La historia de la monarquía noruega está marcada por lazos familiares con Suecia, Dinamarca, Inglaterra y Bélgica, y por una tradición de estabilidad. Harald V, que nunca abdicó y lideró durante más de treinta años, fue enterrado tras doce días de luto nacional. Al finalizar el sepelio, Haakon VIII y Mette-Marit saludaron por primera vez como reyes desde el balcón del Palacio Real, acompañados de sus hijos y la reina Sonia, ante una multitud que entonó el himno nacional.
El reto para Haakon VIII es claro: mantener la confianza de los noruegos en una institución que, pese a su historia y popularidad, ya no es ajena a los escándalos personales. La forma en que gestione estos conflictos marcará si la monarquía logra preservar su legitimidad en una sociedad cada vez más exigente con la transparencia y la conducta de sus representantes. El funeral de Harald V no solo fue una despedida, sino el inicio de una etapa en la que la familia real noruega tendrá que demostrar que puede superar sus propias sombras.