El proceso por el caso Kitchen se intensifica con reproches directos entre antiguos altos cargos policiales y políticos del PP. La defensa de Eugenio Pino acusa a Ignacio Cosidó de eludir responsabilidades y señala presiones en la investigación.
El juicio del caso Kitchen ha entrado en una fase de máxima tensión en la Audiencia Nacional, con acusaciones directas entre antiguos responsables de la Policía Nacional y figuras políticas del Partido Popular. La defensa de Eugenio Pino, ex director adjunto operativo (DAO) durante el Gobierno de Mariano Rajoy, ha señalado abiertamente a Ignacio Cosidó, ex director general del cuerpo, por su supuesta falta de implicación y conocimiento sobre la operación de espionaje al extesorero Luis Bárcenas.
Durante la exposición de conclusiones, el abogado de Pino criticó que Cosidó “se puso de perfil” y evitó asumir cualquier responsabilidad, insistiendo en que muchos implicados ahora niegan su participación por temor a verse afectados judicialmente. Según la versión de Pino, Cosidó estaba informado de la operación y habría sugerido encomendar la misión al comisario José Manuel Villarejo. Sin embargo, Cosidó, al declarar como testigo, negó rotundamente haber tenido conocimiento de la operación Kitchen o de cualquier contacto con el chófer de Bárcenas, y aseguró que Villarejo no era de su confianza.
La defensa de Pino sostiene que Kitchen fue una operación de inteligencia legal destinada a localizar una supuesta fortuna oculta de Bárcenas en el extranjero, y que la captación de su chófer como confidente fue una oportunidad legítima. No obstante, la Fiscalía Anticorrupción y el resto de acusaciones mantienen que el verdadero objetivo era sustraer documentos comprometedores para altos cargos del PP y evitar que llegaran a los investigadores del caso Gürtel, liderados por el inspector jefe Manuel Morocho.
El abogado de Pino también arremetió contra Morocho, acusándolo de haberse “endiosado” y de actuar como si fuera el único responsable de la investigación Gürtel. Morocho, por su parte, denunció en el juicio que nunca fue informado del espionaje paralelo a Bárcenas y que la operación policial se realizó sin autorización judicial. La defensa de Pino admitió que algún agente pudo desviarse de su cometido, pero negó que el exDAO tuviera conocimiento de prácticas ilegales.
En el banquillo de los acusados, además de Pino, se encuentran Jorge Fernández Díaz, exministro del Interior, y Francisco Martínez, ex secretario de Estado de Seguridad. La Fiscalía solicita para Pino 15 años de prisión. Cabe recordar que en febrero de 2025, el Tribunal Supremo confirmó una condena previa de un año de cárcel para Pino por la sustracción ilícita de datos de Jordi Pujol Ferrusola, hijo del expresidente catalán, con la intención de perjudicar judicialmente a la familia Pujol.
El proceso Kitchen, que suma ya 35 sesiones desde su inicio en abril, continuará la próxima semana con la intervención de las defensas restantes. Posteriormente, los acusados podrán ejercer su derecho a la última palabra. El tribunal, presidido por la magistrada Teresa Palacios, prevé concluir la vista oral antes de finalizar julio.
El caso Kitchen ha puesto de relieve las tensiones internas en la cúpula policial y política del PP, así como las dificultades para delimitar responsabilidades en operaciones sensibles. Este tipo de enfrentamientos no es nuevo en la política española: en otras ocasiones, como en la polémica por el respaldo a José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra, también se han producido divisiones internas y acusaciones cruzadas, como se analizó en un reciente reportaje sobre la presión interna en el PSOE.
El caso Kitchen se enmarca en una serie de investigaciones sobre corrupción y uso indebido de recursos policiales en España. La operación Gürtel, a la que está vinculada la causa, supuso uno de los mayores escándalos de corrupción en la historia reciente del país y llevó a la condena de numerosos cargos del PP. La figura de Villarejo, recurrente en varios casos de espionaje y filtraciones, ha sido clave en la percepción pública de la relación entre política y cuerpos de seguridad. La Audiencia Nacional, encargada de juzgar los delitos más graves y complejos, ha sido escenario de numerosos procesos de alto perfil en los últimos años. El desenlace del juicio Kitchen podría tener repercusiones en la percepción de la independencia policial y la transparencia institucional en España.