• 4 min de lectura
  • por

Por qué el pollo puede tener piel amarilla o blanca

Laura Castillo Español.News

Publicado por Laura Castillo

Por qué el pollo puede tener piel amarilla o blanca Español.News © espanol.news
Por qué el pollo puede tener piel amarilla o blanca © espanol.news

El color de la piel del pollo suele generar dudas en el supermercado. No indica mayor calidad ni valor nutricional, sino que depende de la dieta y la genética del ave. La etiqueta y el sistema de cría ofrecen información más relevante para elegir.

Al mirar la vitrina de la carnicería, muchos consumidores se preguntan si el pollo de piel amarilla es mejor que el de piel blanca. La respuesta no es tan sencilla como parece: el color de la piel no determina la calidad, el sabor ni el valor nutricional de la carne, sino que responde principalmente a la alimentación y la genética del animal.

El tono amarillo característico de algunos pollos se debe a la presencia de carotenoides en su dieta, especialmente cuando el pienso contiene maíz, que aporta pigmentos como la luteína y la zeaxantina. Estos compuestos se depositan en la piel y la grasa subcutánea, dando lugar a esa coloración intensa. En cambio, cuando la alimentación se basa en cereales con menos carotenoides, como el trigo, la piel suele ser blanca o ligeramente rosada.

Factores que influyen

No solo la dieta explica la diferencia de color. La genética del ave también juega un papel importante: algunas razas absorben y acumulan pigmentos con mayor facilidad, lo que puede provocar que dos pollos alimentados de forma similar presenten tonos distintos en la piel.

La industria avícola puede añadir carotenoides autorizados al pienso para lograr una coloración específica, siempre dentro de los límites legales. Sin embargo, esto no implica que el pollo amarillo sea necesariamente de mayor calidad o más saludable.

Calidad y valor nutricional

Según la Federación Avícola Catalana, no existen diferencias relevantes en cuanto a calidad o controles sanitarios entre el pollo amarillo y el blanco. Ambos tipos aportan proteínas de alto valor biológico, vitaminas y minerales. La cantidad de grasa depende más de la pieza elegida y de si se consume la piel, que del color en sí.

Es habitual asociar la piel amarilla con un sabor más intenso o una textura más firme, pero estas características dependen sobre todo de la edad, la raza, la alimentación y la actividad del animal, así como del método de cocinado. El color, por sí solo, no garantiza ninguna de estas cualidades.

La importancia de la etiqueta

Para quienes buscan un sistema de producción concreto, la información clave está en la etiqueta. La normativa europea reserva términos como “campero”, “campero tradicional” o “criado en libertad” para productos que cumplen condiciones específicas. El color amarillo no demuestra que el animal haya tenido acceso al exterior ni que haya sido criado de forma tradicional.

Al elegir pollo, conviene revisar la fecha de caducidad, el estado de conservación y la categoría comercial. La categoría A, por ejemplo, se concede según la conformación y el aspecto de la canal, no por el color de la piel.

Consejos de conservación

Una vez en casa, el pollo crudo debe mantenerse refrigerado entre 0 y 5 grados y separado de los alimentos cocinados para evitar contaminaciones. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda colocar las carnes crudas en la parte inferior del frigorífico para evitar goteos.

Contexto y matices

En España, la preferencia por el pollo amarillo o blanco varía según la región y las costumbres familiares. En algunas zonas, el amarillo se asocia a la tradición y a una alimentación basada en maíz, mientras que en otras el blanco es más habitual. Sin embargo, la elección final debería basarse en la información de la etiqueta, el sistema de cría y el gusto personal, ya que ninguno es superior solo por su color.

En definitiva, el color de la piel del pollo es un indicador de la dieta y la genética del ave, pero no de su calidad. Para tomar una decisión informada, conviene mirar más allá del aspecto y atender a los datos que realmente importan.

Artículos relacionados