Asturias vivió una jornada marcada por un tornado en Antromero y lluvias intensas. Varias localidades sufrieron inundaciones, daños materiales y problemas de tráfico. Las autoridades evalúan los desperfectos.
Asturias afrontó este jueves una de las jornadas meteorológicas más complicadas del año. Un tornado en Antromero, en el concejo de Gozón, sorprendió a los vecinos poco después de las cuatro de la tarde, dejando tejados arrancados, invernaderos dañados y árboles caídos. El viento desplazó tejas y piedras, que llegaron a romper lunas de vehículos. La piscina de la Mancomunidad de Peñes resultó especialmente afectada, aunque la instalación estaba cerrada y no hubo heridos.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) no ha confirmado aún si el fenómeno fue un tornado de baja intensidad o un reventón húmedo, ya que la localidad carece de estación meteorológica. Lo que sí se registró fue una tromba de agua repentina acompañada de fuertes rachas de viento, que complicó la situación en toda la zona.
En Oviedo, la lluvia intensa colapsó varias calles en cuestión de minutos. Ventanielles y los alrededores del Palacio de Deportes sufrieron acumulaciones de agua que llegaron a inundar la pista de parqué. La calle Uría también quedó anegada y algunos contenedores fueron arrastrados por la corriente. El granizo acompañó la tormenta, y en solo diez minutos se recogieron 8,4 litros por metro cuadrado, alcanzando 11,6 litros en una hora.
Los efectos de la tormenta se extendieron a otros barrios de Oviedo como La Argañosa, La Florida y Ciudad Naranco, donde varios locales comerciales sufrieron daños. El agua también entró en una nave de la Fábrica de La Vega, obligando a aplazar el festival cultural LINK previsto para el viernes.
En Avilés, la zona de Las Meanas registró balsas de agua tras superar los 10 litros por metro cuadrado en menos de una hora. El tráfico y el alcantarillado se vieron afectados, y el estadio Suárez Puerta tuvo que lidiar con vestuarios inundados. Corvera fue otro de los concejos donde las precipitaciones intensas provocaron problemas puntuales.
La inestabilidad meteorológica ya estaba prevista, con chubascos y tormentas anunciados para la tarde y rachas de viento fuertes en algunos puntos. Las inundaciones no solo respondieron a la cantidad de agua, sino a la rapidez con la que cayó, superando la capacidad de las redes de drenaje y generando bolsas de agua en calles y carreteras.
El tornado de Antromero se explica por una combinación de aire cálido y húmedo en superficie y aire frío en altura, junto a una configuración de viento favorable para fenómenos localizados e intensos. El resultado fue una tarde de contrastes: calles convertidas en ríos, granizo, tráfico interrumpido y daños en infraestructuras y vehículos.
Este tipo de episodios meteorológicos extremos no son inéditos en España. En otras regiones, como Granada, se han vivido situaciones similares, como los cientos de terremotos que obligaron a desalojos y revisiones de seguridad en edificios, según recoge un reciente informe sobre la crisis sísmica en Granada.
Asturias, por su parte, sigue evaluando los daños y la respuesta de los servicios de emergencia. La falta de estaciones meteorológicas en algunas localidades dificulta el análisis preciso de estos fenómenos. Las autoridades insisten en la importancia de la prevención y la adaptación de infraestructuras ante episodios de lluvias torrenciales y vientos extremos, que pueden repetirse en el futuro. El cambio climático y la variabilidad atmosférica aumentan la frecuencia de estos eventos, lo que obliga a reforzar la vigilancia y la capacidad de respuesta en toda la región. Además, la coordinación entre municipios y la actualización de los sistemas de drenaje se perfilan como retos clave para minimizar el impacto de futuras tormentas.