Bastó un gesto para romper la solemnidad en el Palacio Real de Oslo. Ana María de Grecia, saltándose el protocolo, se acercó a la reina Sonia y la abrazó, deteniendo por un momento la fila de saludos oficiales. Ese acto espontáneo dejó en segundo plano la rigidez habitual de la realeza y se convirtió en la imagen más comentada de la recepción tras el funeral de Harald V de Noruega.
La jornada estuvo marcada por la ausencia de Mette-Marit, que sigue recuperándose de un trasplante de pulmón. Más de 850 invitados internacionales acudieron al evento, aunque no todos pudieron estar presentes. Entre los primeros en saludar a la familia real noruega estuvieron los príncipes Alberto y Charlène de Mónaco, seguidos por monarcas y autoridades de toda Europa. El rey Haakon, acompañado por la reina Sonia y la princesa Ingrid Alexandra, agradeció personalmente la presencia de cada invitado en una ronda de saludos que duró media hora.
Según Reuters y BBC, la recepción oficial en el Palacio Real de Oslo contó con la presencia confirmada de monarcas y herederos de Dinamarca, Suecia, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Mónaco, Jordania y el príncipe Guillermo del Reino Unido.
El calor inusual en Oslo tampoco pasó desapercibido. Victoria de Suecia, visiblemente incómoda por la temperatura, se abanicó mientras saludaba al nuevo monarca. Federico X de Dinamarca mostró su entusiasmo lanzando un beso a la reina Sonia y abrazándola, saltándose la distancia habitual entre casas reales.
La complicidad entre Amalia de los Países Bajos e Ingrid Alexandra de Noruega también fue evidente. Ambas, casi de la misma edad, conversaron sonrientes antes de despedirse. Amalia le lanzó un beso con la mano a su amiga noruega, dejando una imagen de una nueva generación de realeza europea más cercana y espontánea.
Fuentes oficiales noruegas confirmaron que, tras el funeral en la catedral de Oslo y la procesión hacia la fortaleza de Akershus, se celebró una recepción en el Palacio Real para delegaciones extranjeras y casas reales. Paralelamente, el Estado organizó una ceremonia conmemorativa en el ayuntamiento de Oslo, lo que subraya el carácter de evento de Estado y la magnitud del protocolo.
Entre las ausencias más notorias estuvieron Felipe VI y Letizia. Aunque no asistieron a la recepción, sí se despidieron previamente de Haakon, Mette-Marit e Ingrid Alexandra antes del sepelio. Felipe VI, acompañado por doña Sofía, había estado presente en la cena previa organizada por los reyes noruegos, donde se reunieron representantes de las principales casas reales europeas.
La viuda de Constantino de Grecia, tras su abrazo con la reina Sonia, saludó a la princesa Ingrid Alexandra y esperó su turno mientras Carlos Gustavo de Suecia se acercaba para acompañarla hasta un ventanal. Desde allí, ambos observaron a los ciudadanos reunidos frente al Palacio Real, un recordatorio de la conexión entre la monarquía y el pueblo noruego.
La recepción sirvió para agradecer la presencia internacional y mostrar las dinámicas internas y los vínculos personales entre las casas reales. El evento, celebrado siete horas después del funeral, cerró una jornada importante para Noruega y su monarquía, reflejando tanto el respeto hacia Harald V como el inicio de una nueva etapa bajo el reinado de Haakon.
En el contexto de la realeza europea, los gestos y ausencias en Oslo muestran el peso de los símbolos y las relaciones personales en la diplomacia monárquica. No es la primera vez que un acto fuera de protocolo genera titulares: como ha reportado antes la prensa británica, los límites y gestos en la familia real pueden tener consecuencias institucionales. La despedida de Harald V deja claro que, más allá de la etiqueta, la cercanía y la humanidad siguen marcando la diferencia en los momentos clave de la monarquía europea.