Un agricultor de 67 años en Anhui, China, perdió 10 hectáreas de sésamo tras aplicar una mezcla de pesticidas recomendada por una inteligencia artificial. El fallo expone los riesgos de confiar ciegamente en herramientas digitales para decisiones agrícolas.
Wu, agricultor de 67 años en la provincia china de Anhui, vio cómo su campo de sésamo de 10 hectáreas quedaba devastado en apenas 24 horas. El 10 de julio de 2026, tras consultar un chatbot de inteligencia artificial sobre cómo combatir malas hierbas y plagas, aplicó una mezcla de pesticidas recomendada por la herramienta, utilizando un dron para cubrir toda la superficie. Al día siguiente, tanto las malas hierbas como el sésamo estaban marchitos.
La receta sugerida por la IA incluía dos herbicidas y dos insecticidas, entre ellos el fomesafen, un producto conocido por su eficacia contra malas hierbas de hoja ancha en cultivos como la soja, pero que resulta tóxico para el sésamo. Wu, que llevaba más de un año usando la inteligencia artificial para consultas agrícolas y había ganado confianza tras recibir consejos útiles, no verificó la recomendación con un técnico ni consultó otras fuentes antes de actuar.
Al comprobar el daño, Wu volvió a preguntar al chatbot por la causa. La propia herramienta señaló el fomesafen como posible responsable. Técnicos agrícolas y vendedores locales, consultados por Litchi News, confirmaron que el producto no debe aplicarse en campos de sésamo y que la mezcla recomendada era inadecuada. La base oficial china de etiquetas de plaguicidas también advierte sobre el riesgo de usar fomesafen en cultivos sensibles y recomienda evitar su contacto con parcelas vecinas.
En la interfaz del chatbot existía un aviso general sobre la necesidad de verificar la información y la posibilidad de errores, pero Wu admitió que nunca prestó atención a ese mensaje. Su experiencia previa positiva con la IA reforzó una confianza que, en este caso, resultó fatal para su cosecha. La empresa responsable del chatbot indicó que la respuesta se generó a partir de información pública y que revisaría las fuentes utilizadas, aunque no ofreció una solución inmediata al agricultor.
El caso ha reabierto el debate sobre la responsabilidad en el uso de herramientas de inteligencia artificial para decisiones técnicas. Un abogado consultado por Litchi News explicó que la atribución de responsabilidades dependería de varios factores: las advertencias de la plataforma, la información del vendedor y la correcta lectura de las instrucciones del producto. Determinar la causa exacta del daño requeriría una valoración técnica independiente.
La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) recomienda mantener una actitud crítica ante las respuestas de la inteligencia artificial, especialmente cuando pueden tener consecuencias económicas, legales o sanitarias. Contrastar la información y consultar a profesionales cualificados es esencial antes de tomar decisiones de alto impacto. El riesgo aumenta cuando una respuesta se convierte directamente en una instrucción técnica sin verificación previa.
La historia de Wu recuerda a otros experimentos agrícolas donde la tecnología ha tenido un papel decisivo, como el proyecto que transformó un humedal en Washington mediante la instalación de plataformas verdes desde un helicóptero, según un reportaje reciente. Sin embargo, la diferencia clave está en la supervisión técnica y la validación de cada paso, algo que en el caso del agricultor chino estuvo ausente.
El episodio subraya la importancia de no delegar decisiones críticas en sistemas automáticos sin la intervención de expertos. La confianza ciega en la tecnología, especialmente en sectores como la agricultura, puede traducirse en pérdidas económicas irreparables y en la necesidad de replantear el papel de la inteligencia artificial en tareas que afectan directamente a la producción y la seguridad alimentaria.