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Una casa de plástico reciclado tras nueve años de esfuerzo

Laura Castillo Español.News

Publicado por Laura Castillo

Una casa de plástico reciclado tras nueve años de esfuerzo Español.News © espanol.news
Una casa de plástico reciclado tras nueve años de esfuerzo © espanol.news

Cindy Mora ahorró durante casi una década para comprar un terreno, pero solo pudo levantar su casa gracias a un proyecto que reutilizó más de siete toneladas de plástico. La vivienda, entregada en 2018, sigue llamando la atención por su enfoque social y ambiental.

Cindy Mora pasó nueve años reuniendo cada colón posible para comprar un pequeño terreno en el barrio Lámparas, en Alajuelita, provincia de San José. Cuando por fin logró adquirir la parcela mediante un préstamo, la realidad fue dura: no tenía recursos para construir una vivienda digna para ella y su hijo Fabrizio, que entonces tenía seis años. La diferencia entre ser propietaria de un suelo y poder levantar una casa se hizo evidente, como ocurre en tantas familias que logran dar el primer paso pero se quedan sin margen para el segundo.

La historia de Cindy dio un giro inesperado en 2018, cuando una alianza entre Procter & Gamble, Hábitat para la Humanidad, Urbarium y Ekojunto permitió que su sueño se materializara. El proyecto no solo aportó materiales y organización, sino que movilizó a empleados voluntarios de P&G, quienes sumaron más de 800 horas de trabajo para levantar la vivienda. La construcción arrancó el 23 de abril y, gracias a un sistema modular, estuvo lista para su entrega el 26 de mayo de ese mismo año.

Plástico convertido en hogar

La casa de Cindy no es una vivienda convencional. Más de siete toneladas de botellas y envases plásticos, recogidos y transformados en bloques llamados Bloqueplas por Ekojunto, se convirtieron en los muros de la vivienda. Según los datos publicados entonces, la cifra oscilaba entre siete y 7,5 toneladas de material reciclado, ensamblado en unos 850 bloques. El sistema, similar a un juego de construcción, permitió agilizar el montaje y reducir el impacto ambiental, aunque la cimentación, el tejado y las instalaciones siguieron los métodos tradicionales.

Desde el exterior, la casa no revela su origen singular. Los bloques de plástico quedan ocultos tras el revestimiento y la pintura, y la fachada, puertas y ventanas no se distinguen de las de cualquier otra vivienda del barrio. El objetivo era claro: ofrecer un hogar estable y duradero, no una solución temporal ni un refugio improvisado. Cindy lo resumía así antes de la inauguración: «Tener una vivienda ha sido mi sueño durante toda la vida».

Voluntariado y colaboración

El esfuerzo colectivo fue clave. Más de 800 horas de voluntariado de empleados de P&G se sumaron a la coordinación de Urbarium y el apoyo de Hábitat para la Humanidad. La cifra no corresponde al número de personas, sino al tiempo total invertido por los participantes. La rapidez del proceso se debió al sistema modular, pero también a la organización y la experiencia de las entidades implicadas. No obstante, cada proyecto depende de factores como el terreno, el diseño y las necesidades de la familia.

El caso de Cindy Mora pone de relieve la distancia que existe entre acceder a un terreno y lograr una vivienda completa, una realidad que afecta a miles de familias en América Latina. Además, muestra cómo la innovación en materiales reciclados puede ofrecer soluciones reales, siempre que exista una red de apoyo y colaboración. En este sentido, la historia recuerda a otras iniciativas donde la creatividad y el esfuerzo colectivo marcan la diferencia, como el caso de un trabajador que recuperó su empleo tras un conflicto con Ford, relatado en esta crónica sobre conciliación laboral.

Un modelo con impacto

La vivienda de Cindy Mora fue entregada en 2018, pero su historia volvió a circular en 2026 como ejemplo de integración entre acceso social, reciclaje industrial y compromiso empresarial. No existen datos públicos sobre el coste total, la superficie o el número de habitaciones, pero el proyecto se mantiene como referencia de cómo la suma de pequeños esfuerzos puede transformar vidas. El caso también ilustra los retos de la vivienda social en la región y la importancia de buscar soluciones sostenibles y adaptadas a cada contexto.

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