El 30% de los empleados españoles mayores de 55 años no planea dejar de trabajar al llegar a la edad de jubilación. Así lo recoge el VI Barómetro del Consumidor Sénior de Fundación Mapfre, que pone cifras a una tendencia que cuestiona la idea tradicional del retiro.
El deseo de seguir en activo varía según la edad. Entre quienes ya han cumplido 65 años, casi la mitad quiere continuar trabajando. En el grupo de más de 70 años, la proporción sube al 73%. Pero estos datos reflejan intenciones, no siempre realidades. La salud, el salario y la posibilidad de adaptar el puesto pesan tanto como la motivación personal o la necesidad económica.
«Más de 5,3 millones de personas mayores de 55 años siguen activas laboralmente en España, lo que supone un 59,2% más que hace una década.»
Fundación MAPFRE
El informe también señala una realidad incómoda: una de cada cinco personas mayores reconoce haber sufrido discriminación por edad. El edadismo se concentra sobre todo en el empleo. El 85% de los encuestados entre 55 y 59 años lo identifica como un problema social, porcentaje que sube al 88% entre los 60 y 64 años. Encontrar trabajo a partir de cierta edad no siempre es ilegal, pero sí muestra barreras estructurales que el mercado laboral español no ha resuelto.
La actividad laboral cae de forma brusca a partir de los 60 años. Según el barómetro, el 78% de las personas entre 55 y 59 años sigue trabajando, pero la cifra baja al 57% entre los 60 y 64 años y cae al 12% en el grupo de 65 a 69 años. No todo se explica por jubilaciones: el desempleo, la incapacidad o el cuidado de familiares también influyen en este descenso.
«El informe del Centro de Investigación Ageingnomics, elaborado junto a Google, analiza a más de 16,7 millones de mayores de 55 años en España y destaca que la prolongación de la vida laboral depende tanto de la salud y el salario como de la adaptación del puesto de trabajo.»
Centro de Investigación Ageingnomics, Fundación MAPFRE
Acceder a la pensión pública no es automático. Para cobrar la jubilación hay que solicitarla al INSS y revisar la vida laboral, ya que la Seguridad Social no concede la prestación de oficio aunque se cumplan los requisitos. La modalidad elegida —jubilación activa, flexible o parcial— determina si es posible compatibilizar salario y pensión, y en qué condiciones económicas.
Retrasar el retiro puede suponer incentivos, pero anticiparlo implica recortes permanentes en la pensión. Por eso, comparar fechas y escenarios es clave para quienes dudan entre seguir en activo o jubilarse. La guía oficial sobre porcentajes según años cotizados ayuda a entender el cálculo, aunque cada caso se resuelve de forma individual. Según datos recientes publicados por El Mundo, los mayores de 45 años concentran el 57,49% del paro en España y solo el 25,75% de los contratos firmados en agosto de 2026 fueron para este grupo, lo que muestra la dificultad de encontrar empleo a mayor edad.
El fenómeno no se limita a un sector ni a una empresa. La presión sobre los sénior aparece también en procesos de ajuste como el que afectó a Vodafone, donde la edad suele ser un factor silencioso en las decisiones empresariales.
El debate sobre la prolongación de la vida laboral y el derecho a no ser discriminado por edad sigue abierto. Para una parte creciente de la población, la jubilación ya no es una frontera clara, sino una decisión condicionada por la salud, la economía y la flexibilidad del mercado. El sistema español, con reglas rígidas y una cultura laboral que penaliza la edad, tiene el reto de adaptarse a una sociedad que envejece y no quiere ser apartada antes de tiempo. La presión para cambiar no viene solo de los afectados, sino también de la sostenibilidad del modelo de pensiones y del mercado laboral. Ignorar esta transformación sería un error para cualquier actor social o político que quiera gestionar el futuro del trabajo en España.