Valeria Ros, referente del humor en España, habla sobre el abandono de su padre, su adolescencia en Getxo y su experiencia como madre soltera. La artista destaca el papel de su familia y su evolución personal.
Valeria Ros, una de las figuras más reconocidas del humor actual en España, ha compartido detalles inéditos sobre su vida personal y profesional. La cómica vizcaína, de 40 años, ha abordado públicamente el abandono de su padre cuando tenía solo cinco años, un hecho que marcó su infancia y que, según ha relatado, la llevó a crecer en un entorno matriarcal junto a su madre, abuela y tías. A pesar de la ausencia paterna, Ros asegura que no guarda rencor y que, con el tiempo, ha aprendido a mirar hacia adelante.
La artista, conocida por su participación en programas como 'MasterChef Celebrity', 'La Revuelta' y 'Zapeando', ha explicado que solo ha visto a su padre una vez desde entonces y que el contacto entre ambos ha sido mínimo. En una ocasión reciente, recibió un mensaje de WhatsApp de él tras el fallecimiento de un hermano, pero la relación no avanzó más allá de ese gesto. Además, Ros sabe que tiene un hermano de 20 años por parte de padre, aunque no siente urgencia por conocerlo.
El impacto emocional de estos episodios llevó a Valeria Ros a invertir muchas horas en terapia psicológica. Ella misma ha reconocido, con su característico humor, que el coste de los psicólogos ha sido considerable, pero considera que el proceso ha sido necesario para superar los traumas de la infancia. La separación de su entorno familiar al mudarse a Salamanca para estudiar en la universidad supuso otro reto, ya que la distancia con su abuela y su ciudad natal la afectó profundamente. Durante esa etapa, Ros viajaba cada fin de semana a Bilbao para mantener el vínculo familiar.
La adolescencia de Ros en Getxo tampoco fue sencilla. La humorista ha relatado que, por no dominar el euskera y tener nombres y apellidos castellanos, se sintió marginada en determinados círculos nacionalistas vascos. Aunque aprendió la lengua en el colegio, nunca llegó a ser bilingüe, lo que le generó inseguridad y la sensación de no ser aceptada plenamente en su entorno. Según sus palabras, la presión por encajar y la percepción de no ser “suficientemente vasca” marcaron su juventud.
En el plano personal, Valeria Ros es madre de una niña llamada Federica, que pronto cumplirá seis años. El embarazo llegó en plena pandemia y la relación con el padre de la pequeña, el odontólogo italiano Antonio Muscogiuri, no prosperó. Tras intentar retomar la relación, ambos optaron por caminos separados, y Ros ha criado a su hija como madre soltera, apoyándose en su familia y en la estabilidad económica que le proporciona su carrera. La humorista ha señalado que la conciliación sería mucho más difícil sin recursos económicos, una realidad que afecta a muchas familias en España.
Actualmente, Valeria Ros mantiene una relación con el músico Marcos Ortega, trompetista y colaborador habitual de 'La Revuelta'. Aunque la pareja prefiere la discreción, han compartido momentos juntos en redes sociales y Ortega ha participado en actuaciones destacadas del programa, así como en giras de artistas como Omar Montes. La vida sentimental de Ros, marcada por la exposición mediática, contrasta con la de otras figuras del espectáculo, como se vio en la reciente boda de Taylor Swift y Travis Kelce, donde la presencia de Brad Pitt e Inés de Ramón fue especialmente comentada (el estilismo de los invitados en Nueva York).
Valeria Ros representa una generación de artistas que han sabido transformar experiencias personales difíciles en motor creativo. Su trayectoria pone de relieve la importancia del apoyo familiar y la resiliencia ante la adversidad. En España, la maternidad en solitario y la conciliación laboral siguen siendo desafíos para muchas mujeres, especialmente en el sector cultural. El caso de Ros ilustra cómo la visibilidad pública puede contribuir a normalizar realidades diversas y abrir espacios de diálogo sobre temas como la identidad, la familia y la salud mental. Además, la experiencia de la humorista refleja la complejidad de crecer en el País Vasco en un contexto de tensiones lingüísticas y sociales, un aspecto que sigue presente en el debate público sobre integración y pertenencia en las comunidades autónomas.