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De jornalero a referente: el salto de Javier Novoa

Laura Castillo Español.News

Publicado por Laura Castillo

De jornalero a referente: el salto de Javier Novoa Español.News
De jornalero a referente: el salto de Javier Novoa

Javier Novoa llegó de Chile siendo niño y hoy lidera una de las explotaciones cebolleras más destacadas del Valle de Viedma. Su historia refleja el esfuerzo migrante, la innovación agrícola y el impacto de la exportación a Brasil en la economía local.

Javier Novoa tenía solo tres años cuando cruzó la cordillera desde Chile junto a sus padres, en busca de una vida mejor. Medio siglo después, su nombre es sinónimo de cebolla en el Valle de Viedma, donde gestiona, junto a su hermano y un socio, cerca de 100 hectáreas dedicadas a este cultivo. La familia Novoa, como tantas otras que llegaron a Río Negro en los años setenta, comenzó sin tierras ni maquinaria, trabajando a porcentaje en campos ajenos y compartiendo la producción con los propietarios.

El avance fue lento y exigente. Durante años, el acuerdo era claro: el dueño ponía la tierra, los Novoa el trabajo, y el resultado se repartía. Con el tiempo, lograron consolidar su propio emprendimiento, combinando parcelas propias con otras gestionadas bajo acuerdos flexibles, donde el pago se realiza con un porcentaje de la cosecha, generalmente un 15%. Este sistema, habitual en la región, permite rotar cultivos y mantener la fertilidad de los suelos, adaptándose a las necesidades de cada campaña.

Innovación en el campo

El gran salto productivo llegó hace tres temporadas, cuando la familia apostó por el riego por goteo. Hasta entonces, el agua se distribuía con métodos tradicionales, pero la tecnología permitió multiplicar los resultados: de 2.000-3.000 bolsas por hectárea pasaron a superar las 4.000, con rendimientos actuales de 70.000 a 80.000 kilos por hectárea. El objetivo, según Novoa, es alcanzar los 100.000 kilos, una meta ambiciosa que requiere inversión en semillas híbridas, mucho más costosas pero con mayor potencial productivo.

La calidad de la cebolla patagónica también ha mejorado, aunque el margen de perfeccionamiento sigue abierto. Las semillas híbridas, que pueden costar hasta siete veces más que las tradicionales, representan una apuesta de futuro para quienes buscan competir en mercados exigentes.

Brasil, motor de la exportación

El destino principal de la cebolla del Valle de Viedma es Brasil, que sostiene la demanda y marca el pulso de los precios. Buena parte de la producción se exporta directamente, y no es raro ver a compradores brasileños visitando las fincas para cerrar acuerdos en origen. El mercado interno, en cambio, solo cobra protagonismo cuando la demanda externa cae o los precios internacionales bajan.

En el pasado, Europa también fue un cliente relevante, aunque actualmente ese canal permanece cerrado. Novoa no descarta que pueda reabrirse si surgen nuevas oportunidades comerciales. Mientras tanto, el repunte de precios ha devuelto el optimismo al sector: si el año pasado una bolsa se vendía a 500 pesos, este año el kilo oscila entre 250 y 350 pesos, lo que sitúa la bolsa cerca de los 5.000 pesos.

Identidad y futuro

Hoy, la familia Novoa combina maquinaria moderna, riego tecnificado y acuerdos flexibles para mantener una producción estable y competitiva. Su historia es la de muchas familias migrantes que, a base de esfuerzo y adaptación, han transformado la economía agrícola de la región. El caso de Javier Novoa recuerda, en cierto modo, a otras trayectorias de cambio vital y apuesta por el campo, como la de María García, quien dejó la ciudad para buscar autosuficiencia en el entorno rural, tal como se relata en este reportaje sobre nuevas formas de vida en el campo.

La cebolla, lejos de ser solo un cultivo, se ha convertido en un motor de desarrollo y en un símbolo de identidad para el Valle de Viedma. La experiencia de los Novoa muestra cómo la innovación y la apertura a nuevos mercados pueden cambiar el destino de una familia y de toda una región.

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