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El reto oculto tras las tortas de Inés Rosales

Laura Castillo Español.News

Publicado por Laura Castillo

El reto oculto tras las tortas de Inés Rosales Español.News © espanol.news
El reto oculto tras las tortas de Inés Rosales © espanol.news

Formar a una trabajadora capaz de moldear 10.000 tortas de aceite al día exige medio año de aprendizaje y una destreza que solo una minoría logra alcanzar. La producción depende de la precisión manual y el control visual en cada jornada.

En la fábrica de Inés Rosales, cada torta de aceite pasa por las manos de una labradora antes de llegar al horno. Juan Carlos Espinosa, director general de la compañía, detalla que el proceso de formación para dominar este oficio requiere seis meses de práctica intensiva y una habilidad manual que no todas las aspirantes consiguen desarrollar. La selección comienza con una prueba de destreza, donde se evalúa la sensibilidad en las manos y la capacidad de repetir el mismo gesto con precisión. Solo una de cada diez candidatas logra superar el ritmo y la exigencia del puesto.

Durante el aprendizaje, las nuevas trabajadoras se entrenan junto a compañeras experimentadas, perfeccionando la técnica hasta alcanzar la memoria muscular necesaria para moldear la masa sin mirar las manos. El objetivo es que cada labradora pueda dar forma a unas 10.000 tortas por jornada, manteniendo el tamaño, el grosor y la colocación exactos. La empresa no anuncia vacantes ni procesos de selección abiertos, pero el dato ilustra la dificultad de encontrar perfiles adecuados para una tarea que combina tradición y exigencia industrial.

Control visual y precisión

La línea de producción incorpora pantallas que permiten a las trabajadoras corregir en tiempo real el grosor, el color y la forma de cada torta. Espinosa explica que las tortas más oscuras suelen indicar zonas más finas y caramelizadas, mientras que las más blancas pueden señalar que la masa no se ha extendido lo suficiente. Este control visual, apoyado por sistemas de análisis de peligros y puntos críticos (APPCC), garantiza la trazabilidad y la calidad del producto final.

Un método que resiste a la mecanización

El pliego oficial de la «Torta de Aceite de Castilleja de la Cuesta» reconoce que, aunque la masa se divide en porciones iguales mediante máquina, el extendido final sigue siendo manual. Cambiar este gesto por un sistema mecánico alteraría las características del producto, según la documentación oficial. La destreza de las labradoras condiciona así la capacidad productiva de la fábrica, donde se envasan hasta 300.000 tortas al día en turnos de 16 personas.

Un oficio femenino y centenario

El puesto de labradora está ocupado exclusivamente por mujeres, una realidad que la empresa atribuye a la experiencia interna: hasta ahora, ningún hombre ha superado la criba de habilidad manual. La historia de Inés Rosales Cabello, que inició la tradición en 1910 junto a otras mujeres de Castilleja de la Cuesta, sigue marcando la identidad de la marca. Desde 1991, la producción se realiza en Huévar del Aljarafe, manteniendo el método artesanal como seña de calidad.

Contexto y reconocimiento

La «Torta de Aceite de Castilleja de la Cuesta» fue registrada en 2013 como Especialidad Tradicional Garantizada en la Unión Europea, destacando la elaboración manual y el uso de aceite de oliva como elementos diferenciadores. Este reconocimiento protege un proceso que, pese a la modernización de la industria alimentaria, sigue dependiendo de la pericia individual. La importancia de la formación interna y la transmisión de técnicas propias recuerda a otros oficios tradicionales que resisten la automatización, como ocurre en la renovación de espacios urbanos emblemáticos, por ejemplo en la transformación de parques en Valencia (mejoras en zonas infantiles y accesibilidad).

El caso de Inés Rosales ilustra cómo la calidad y la identidad de un producto pueden depender de un aprendizaje largo y de una destreza que no se enseña en escuelas, sino que se transmite de mano en mano, pieza a pieza.

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