Casa RIA en Santiago de Compostela apuesta por la agricultura urbana y la recuperación de variedades gallegas. El arquitecto David Chipperfield y su equipo involucran a trabajadores y expertos en un modelo de huerta sostenible.
La transformación de una parcela olvidada en el corazón de Santiago de Compostela ha convertido a Casa RIA en un referente de agricultura urbana y recuperación de cultivos autóctonos. Bajo la dirección del arquitecto David Chipperfield, el histórico edificio, que fue sanatorio y residencia, alberga desde 2024 la sede de su fundación y estudio en Galicia. El proyecto ha devuelto la vida a una huerta que permanecía sepultada bajo escombros, apostando por la sostenibilidad y la biodiversidad local.
En la huerta de Casa RIA, más de medio centenar de variedades vegetales crecen en surcos perfectamente alineados, resultado de la colaboración entre el equipo de la Fundación RIA y el agricultor Santiago Pérez. Este último, conocido por haber rescatado el guisante lágrima autóctono, se encarga de guiar a los trabajadores y estudiantes en las labores agrícolas. La implicación de toda la plantilla, que supera las 30 personas, es clave: cada semana se organizan turnos para desconectar del trabajo de oficina y dedicarse al cultivo de la tierra, una práctica que también involucra a estudiantes de la Universidad de Yale residentes temporalmente en la casa.
El espacio, alimentado con tierra fértil traída de Teo, ha pasado de ser un terreno degradado a convertirse en uno de los tesoros de la fundación. Entre los cultivos destacan lechugas, tomates, pimientos, berenjenas, calabacines, pepinillos, maíz autóctono, zanahorias, borraja, seis tipos de fresas y diversas legumbres. La presencia de naranjos gallegos, muchas veces ignorados en favor de frutas importadas, simboliza el esfuerzo por revalorizar productos locales que suelen pasar desapercibidos.
La gestión de la huerta no solo tiene un impacto en la alimentación de los trabajadores, sino que también se refleja en la oferta gastronómica de A Cantina de Casa RIA, dirigida por el chef Iago Pazos. Este espacio, abierto al público, incorpora diariamente los productos de la huerta en su menú, adaptando los platos a la cosecha disponible. La colaboración entre agricultores, arquitectos y cocineros ha generado una dinámica en la que la disciplina y la creatividad se combinan para mantener la huerta en óptimas condiciones y aprovechar al máximo sus frutos.
El seguimiento y la documentación de los cultivos están a cargo de la arquitecta Lucía Escrigas, quien lidera la elaboración de tablas y fichas didácticas sobre el comportamiento de las plantas. Esta labor permite que tanto los comensales de A Cantina como los grupos escolares que visitan la casa conozcan en detalle el origen y las características de los alimentos que consumen. El objetivo es rescatar y poner en valor las materias primas gallegas, promoviendo una vida más conectada con la tierra y contribuyendo a la lucha contra el cambio climático.
De cara al próximo año, el equipo de Casa RIA planea dar un paso más en la recuperación de variedades desaparecidas de la agricultura gallega. Para ello, mantienen contacto con el banco de germoplasma del CIAM en Abegondo, con la intención de reintroducir cogollos, tomates, pimientos, lechugas y cebollas autóctonas que han caído en el olvido. Esta iniciativa se suma a otras acciones en Galicia y España que buscan proteger la diversidad agrícola y fomentar modelos sostenibles, en línea con la preocupación creciente por el impacto ambiental y la seguridad alimentaria.
El caso de Casa RIA se enmarca en una tendencia más amplia de recuperación de espacios urbanos para la agricultura y la sostenibilidad. En otras regiones, como Girona, la gestión del entorno natural también ha sido noticia, especialmente en situaciones de emergencia como el reciente incendio en Les Gavarres, que obligó a confinar varios municipios y puso de relieve la importancia de preservar el equilibrio ecológico (más detalles sobre la gestión de emergencias ambientales en Girona).
En España, la recuperación de variedades agrícolas autóctonas es un reto que implica la colaboración entre instituciones, productores y la sociedad civil. Galicia, con su clima húmedo y su tradición minifundista, ofrece un terreno fértil para este tipo de iniciativas. La experiencia de Casa RIA demuestra que la integración de la agricultura en espacios urbanos históricos puede generar beneficios sociales, ambientales y culturales, contribuyendo a la resiliencia de las ciudades y al bienestar de sus habitantes.